El campeón del mundo y 9 veces de España en esgrima prepara a su discípulo para la cita olímpica de Brasil en 2016
Jesús Ortiz García
La esgrima llegó a Carlos Soler por
casualidad hasta convertirse en su modo de vida. En sus 20 años de
destacada carrera, la espada no sólo se ha convertido en una extensión
de su brazo, sino que le ha enseñado valores como el respeto y el saber
desenvolverse en su vida cotidiana. Una caída al vacío cuando realizaba
el servicio militar le dejó en silla de ruedas, la misma sobre la que ha
cosechado éxitos en este deporte. Ahora le pasa el testigo a su discípulo Lorenzo Ribes para intentar dar la estocada en las olimpiadas de Río de Janeiro 2016.
“Nunca imaginé que me dedicaría a la
esgrima, apenas la conocía. En 1993 Paqui Bazalo –campeona paralímpica
en Barcelona 92– me invitó a ver una competición que se celebró en
Málaga, a la semana lo probé y me enganché a la espada, al sable y al florete.
Si un día no entreno siento que me falta algo”, explica. Campeón del
Mundo, subcampeón de Europa, 9 campeonatos de España en sus vitrinas y
con 5 participaciones en Juegos Paralímpicos, a sus 41 años ha decidido
tomarse un respiro.
“La esgrima me lo ha dado todo, ha
dirigido mi destino, me ha aportado independencia, pero tengo una
familia que atender y estar tanto tiempo de viaje para disputar torneos
se hace complicado. Me atrae mucho Tokio, también Río de Janeiro y quien sabe, dejo la puerta de atrás abierta, aunque de momento no continuaré compitiendo”, aclara.
Su alumno más aventajado intenta
convencerle para que siga unos años más: “No quiero que Carlos deje la
competición, es un gran apoyo para mí en los campeonatos, siempre
constante y paciente. Cada vez que me despisto, un grito suyo me hace
reconducir la situación, le necesito a mi lado”, apunta. Lleva 5 años en este deporte
y Ribes ya ha comenzado a recoger los frutos de ese duro trabajo en el
Pabellón José María Martín Carpena, donde entrenan a diario. El
deportista de Torremolinos se está fraguando un nombre a nivel nacional y
espera subir un peldaño en pruebas internacionales.
“Lorenzo tiene muchas posibilidades de llegar a ser un gran tirador, le falta controlar la agresividad en los combates,
por eso lo machaco en cada entrenamiento. Esperamos que con mi
experiencia y su constancia llegue a lo más alto”, insiste el
preparador. De hecho, el pupilo de Soler ha aumentado el abanico de
posibilidades de estar en la cita olímpica de Brasil al manejar tanto la
espada como el sable y el florete.
En los Juegos de Londres no pudo
participar, le faltaron puntos para estar entre los mejores. “Me quedé a
las puertas, fue una decepción pero he aprendido de esos errores y me
motivó para ir más fuerte por Río de Janeiro. Carlos me pone los dientes
largos con sus anécdotas en los Paralímpicos, así que espero debutar en
2016, soy muy cabezón y no pararé hasta lograrlo”, sostiene.
Pocos seguidores
Deporte de origen español, la esgrima es
una disciplina poco valorada en España donde apenas tiene seguidores.
“Es la gran desconocida. Antes daban becas y había clubes interesados en
enseñar, pero ahora nada. Yo he tenido la suerte de contar con el apoyo
del Ayuntamiento de Málaga y de Ortopedias Poyatos, sin embargo,
Lorenzo necesita un patrocinador para dar el salto en el circuito internacional”, comenta Soler.
Su alumno tiene que costearse el
material deportivo y los viajes para disputar los campeonatos. “Mi
objetivo es estar entre los 15 mejores del mundo, pero hay mucha
competencia y el problema es que no puedo acudir a algunos torneos
porque no hay dinero. He renunciado a la Copa del Mundo de Hong Kong,
aunque espero estar en algunas de las otras 5 que se celebran en 2014
para mejorar en el ranking”, añade Ribes.
A pesar de los obstáculos y las escasez
de presupuesto, ambos continuarán con sus estocadas en una modalidad
adaptada que la introdujo Ludwig Guttmann en 1953 en un hospital de
Inglaterra como parte de la rehabilitación a personas con lesiones
medulares, parálisis cerebral y amputados. “Ayuda mucho a los
discapacitados porque pone en movimiento todos los músculos y desarrollamos los reflejos y la rapidez”, asegura Soler.
Los duelos cuerpo a cuerpo suceden a
velocidad vertiginosa, con un límite de tiempo en el que los tiradores
ganan si tocan más veces al adversario. “La esgrima tiene la agresividad de las artes marciales, la elegancia del ballet y la estrategia del ajedrez”,
prosigue el campeón del mundo. “Es un deporte muy competitivo y
adictivo, una forma para canalizar lo que siento”, concluye su alumno.
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